Es la última vez que despierto, y no sé si debo levantarme de inmediato para aprovechar el día o quedarme unos minutos más disfrutando del sueño.
Es la última vez que me cepillo los dientes, y no sé si sólo hacerlo por rutina o limpiarlos como nunca lo he hecho.
Es la última vez que leo un libro, y no sé si debo leer algo que tengo pendiente o eso que sé que me hará estallar en emociones.
Es la última vez que las llevo, y no sé si decirles cuánto las amo o simplemente contemplarlas mientras más las sigo amando.
Es la última vez que hago ejercicio, y no sé si dejar hasta el último aliento o ir a paso lento disfrutando del movimiento.
Es la última vez que medito, y no sé si intentar no pensar en nada o simplemente contemplar mis pensamientos.
Es la última vez que me alimento, y no sé si devorar todo lo que me sea posible o disfrutar conscientemente aquello provisto por la tierra.
Es la última vez que escribo, y no sé si terminar aquí o intentar mi mejor verso.
Es la última vez que me acuesto, y no sé si decirle “buenas noches amor” o simplemente abrazarla, porque no sé si estaré mañana.
No sé si realmente fue la última vez de algo, pero sé que cada día puede haber una última vez, y me lo quiero recordar, una vez, otra vez y esa vez.

